lunes 2 de noviembre de 2009

Atrapar el tiempo

El caballito de bronce

Tendría unos seis años. Se pasó dos horas subiendo y bajando del caballito. Lo miraba, hablaba con él. De repente, se iba corriendo a todo correr, se movía como si fuera un soldadito pensando Dios sabe qué cosas, y hablaba solo. Y luego volvía y se subía de un salto al caballito. Parecía que iba al galope. Yo creo que era muy feliz, allí solito, jugando a no sé qué (no puedo imaginarlo) con aquella escultura del caballito de bronce.

Yo pasé esas dos horas observándole y pensando cuándo olvidamos los adultos a hacer esas cosas. Me refiero a montarnos un mundo con las pequeñas cosas. A poder verlas, sencillamente. Yo creo que el secreto del tiempo lo tienen los niños. Ellos poseen el tiempo, no al revés. Y no sólo porque les queda todo el camino por recorrer, y porque están más cerca del suelo. ¿Por qué si no recordamos la infancia como si durara una eternidad? Porque las metas son a corto plazo y se desgranan los segundos. Dentro de una hora, dentro de media…uy! Y lo que falta para que llegue la noche! Los veranos no se acababan nunca. De mayores nos saltamos la semana de viernes en viernes, craso error. Las metas son a largo plazo “cuando acabe la carrera””cuando cambie de trabajo” “cuando llegue el verano” “cuando sean la hora de salir del trabajo” y lo que hay en medio pasa muy deprisa. Demasiado. Cuando consigues esa meta, buscas otra, y así. Hasta que hay más vista para atrás que para delante.

Yo creo necesario que todos sigamos siendo un poco niños, siempre. Y que la capacidad de ilusionarse permanezca intacta hasta donde se pueda. Y si ya no surge de forma natural, hay que procurar recordarlo: la infancia está en el fondo de nuestras capas de cebolla de existencia. Así que desaparecer, no desaparece.


11 comentarios:

Lluís Salvador dijo...

Hola:
cuando te sumerjes en un libro, ya estás en otro mundo. Cuando te metes en una película, ya estás en otra historia. Cuando escuchas música, te transportas. Tod lo que hacemos es intentar vivir esas otras realidades, que son las que queremos. Y bajamos a este mundo, claro que sí, y combatimos, y sufrimos, pero lo mejor, de siempre, son nuestros propios mundos. Trabajamos unas horas para tener el privilegio de mantenerlos, y no es mal trato, si lo miramos bien. El día en que vea que sigo en Kansas (Toto), entonces tendré motivos para desesperar.
Ante la duda sigue el camino amarillo ;)
Un saludo!

Rogorn dijo...

Siana, no sé si te llegó este comentario, pero, nos dejas poner esto en 'El peristilo'?

http://elperistilo.blogspot.com/

Gracias ;)

Sianeta dijo...

Sí, claro. Adelante ;)

Sianeta dijo...

Hola Lluís! llevas razón, y bueno, se entienden bien esos mundos "paralelos". Y se está bien en ellos. Eso es bueno. Tomo nota en caso de duda...el camino amarillo ;)Moltes gràcies!

Isabel dijo...

Hola Sianeta!!! Es cierto lo que cuentas en la percepción del tiempo y como va cambiando a lo largo que vas creciendo. Los veranos eran eternos de niños y el curso escolar era interminable. Se vivía más intensamente los momentos por eso tal vez se estiraban las horas y nuestros espacios eran aún más grandes. El espacio y el tiempo se conjugaban para hacernos un mundo lleno de aventuras que hemos ido perdiendo...

CARPE DIEM__________________ <

Un abrazo.-

Trinidad dijo...

Sianeta, tu entrada me ha recordado un fragmento de la introducción a los cuentos de Andersen, de Gustavo Martín Garzo que me encanta, además lleva más razón que un santo:

"La imaginación no es una facultad evasiva que nos permite escapar de la realidad, sino asentarnos más profundamente en ella, iluminando zonas de esa realidad y de nosotros mismos que antes estaban oscurecidas."

Sianeta dijo...

Hola Isa! sí que a veces tengo sensación de vivir en un frenesí, un AVE. Dan ganas de decir: ¡no tan deprisa! sobre todo cuando estás pasando buenos momentos. Gracias a la nuestra capacidad para recordar podemos hacer que se vuelvan en cierto modo eternos, y revivirlos cuanto queramos. El problema de pensar "este es un buen momento, tengo que vivirlo" es que ahí surge la urgencia, y estás más pendiente de que "tienes" que aprovecharlo, que de aprovecharlo sin pensar en ello. Cuando somos pequeños no nos planteamos, es de mayores que surge esa necesidad. Si piensas que algo podría perderse mañana, añades a ese momento un cierto toque de...incertidumbre (el temor a perder lo que tienes ahora). Si viviéramos pensando en que mañana podría no existir, algo de angustia tendríamos. A no ser que eso no te produzca angustia. Tal vez lo mejor es hallar un térmimo medio.

Isa, brindemos como haría el Jack del Titanic: ¡porque cuente!

Trini, Andersen es uno de mis héroes de infancia y uno de mis escritores favoritos en la madurez. Yo necesito de mi imaginación para que la realidad no sea en blanco y negro y sea un poco el arco iris del que hablaba Lluís. Paradojas de la vida. Andersen vivía de su imaginación. Yo me alegro de no haberla perdido del todo. Lo que hace años era en cierto modo la nota discordante (y lo que me distraía de lo cotidiano), ahora se ha convertido en un buen aliado. Un besote grande para las dos camaradas!!

el astronauta perdido dijo...

Yo también creo necesario que todos sigamos siendo un poco niños. Y que hagamos que cuente, como pedía Jack Dawson, el loco. ¡Dibújame un cordero, Sianita! O mejor, cuéntame un cuento que no tenga final, Sherezade, y así no te comeré, Caperucita, ni te haré daño ni me separaré de ti ni me iré helado al fondo. Y viviré dentro de ti fuera del tiempo, Campanilla, en el país de las hadas, persiguiendo piratas, cortejando princesas, huyendo del puto cocodrilo inmisericorde que no me deja ni a sol ni a sombra, que me devora a pedazos, poco a poco, hoy un trozo, mañana el otro: tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac.............

No soi un niño, Sianita. Me estoy muriendo. Dibújame un cordero. ¡Dibújame un cordero! ¡¡Dibújame un cordero, coño!!

Sianeta dijo...

Yo te dibujo un cordero, una boa que se ha comido un sombrero y lo que tú quieras. Procura regar siempre las flores de tu planeta y no dejes nunca que los baobabs crezcan más de la cuenta. Y si ves un conejo vestido de fiesta de cumpleaños, síguelo!

Conserva tu caballito de bronce. Y tu nave espacial. Y haz que cuente.

Muchas gracias por tu precioso comentario, astronauta. Petonets!!!

Cris dijo...

Eso es lo bueno de los libros, que nos dejan imaginar. Nos adentran en mundos diferentes, hacen que pases buenos ratos.
Quizá nos gusten desde pequeños por eso de imaginar. Siemrpe se abre un libro con una nueva ilusión. Y como bien dices, Siana, la ilusión, es algo que jamás se debe perder.
Besos.

Sianeta dijo...

Abrir un libro es como abrir una puerta...de nuestra imaginación. El autor nos explica una historia y nosotros hacemos las conexiones, imaginamos las otras vidas de cada libro. Es algo genial, y es una de las cosas que hacen mantener la ilusión, porque la alimentan. Un besazo, Cris, a seguir disfrutando de nuestras lecturas!

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